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Guía turística en Kenia

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lunes, 7 de febrero de 2011

Pampatar - Un pueblo con savor a Sal


Con sabor a sal
Pampatar, antiguo pueblo de pescadores, parece detenido en el tiempo. Sus somnolientas calles laberínticas y sus construcciones coloniales exhiben una divertida combinación de colores, típicamente caribeña.

En idioma guaiquirí, Pampatar significa "pueblo de la sal", y así se lo llamó debido a su proximidad con las salinas ubicadas cerca del puerto. Quienes se alojen allí tendrán ocasión de admirar vestigios coloniales de la ciudad, tales como el castillo de San Carlos Borromeo -una fortaleza reconstruida íntegramente luego de haber sido atacada por piratas-, la iglesia parroquial -que data del siglo XVIII- o la Casa de la Aduana, que supo ser amarilla y hoy exhibe un celeste furioso.

En la rambla, la arquitectura cambia radicalmente. Allí se perfilan modernos hoteles que dan al mar, permitiendo a sus huéspedes disfrutar de un espectáculo sin cargo: los barcos sardineros recogiendo sus redes, mientras cientos de pelícanos los sobrevuelan y, de a ratos, se precipitan como kamikazes emergiendo con su pico abultado por alguna sardina.

Arena y sol
Finalmente, todo se resume en lo que cualquier mortal que ponga un pie aquí viene a buscar: la playa. No importa de dónde se venga, la postal caribeña surte efecto y desde que empacamos la malla, los shorts y el pareo, los chapuzones y la idea de "lagartear" al sol rayan en la obsesión. El viaje promete y, una vez más, el destino cumple, porque en esta bendecida península venezolana hay playa para todos los gustos.

Comenzamos por El Yaque, reducto joven donde los fanáticos del windsurf están de parabienes: en este rincón cercano al aeropuerto, los vientos alisios no dejan de soplar, agitando las aguas. Palapas frente al mar, salsa y reggae de fondo, guardería y alquiler de tablas más algunos hoteles divertidos y económicos hacen que los windsurfers únicamente abandonen sus piruetas en el agua cuando cae el sol.

Hacia el nordeste, en Playa El Ángel -así bautizada por una formación rocosa que simula un ángel de alas abiertas- el oleaje es más suave, pero igualmente encantador.