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domingo, 27 de marzo de 2011

El Mediterráneo Africano


A una hora, al sur de Túnez se extienden sobre la bahía de Hammamet los balnearios Nabeul, Hammamet y Puerto El Kantaoui. Los dos primeros concentran la mayor parte de los turistas; sus playas de blancas arenas bañadas por las verdes aguas del Mediterráneo invitan a permanecer sumergidos la mayor parte del día evitando el tórrido calor del verano. yjindsurf, jet-ski, parasailing...

Los amantes de los deportes acuáticos de parabienes. Al atardecer, tomar el tradicional té de menta en alguno de los bares con terrazas sobre la rambla, mientras se disfruta de la puesta del sol y del espectáculo que presenta algún turista tratando de montar un camello en plena playa. Los que gustan de la vida nocturna no se irán decepcionados, hay pubs y "discos" por doquier-, para tener en cuenta, Playboy en Hammamet.

Por su parte, Puerto El Kantaoui, dirigido a un turismo selecto, cuenta con hoteles cinco estrellas, un formidable campo de golf y una marina con 340 amarres donde se imparten clases de buceo para aquellos que quieran explorar su lecho marino repleto de corales.

Tierra adentro, a óOkm al sudoeste por la ruta 57, se levanta la imponente Kairouan, cuarta ciudad sagrada del mundo musulmán. Sus grandes murallas cobijan a más de 50 mezquitas entre las que se encuentra la Gran Mezquita, construida en el siglo IX, de una belleza sin par. Otro de los prestigios principa-Íes de la ciudad sagrada son sus alfombras; miles y deslumbrantes, a cual más exquisita. Al visitante le costará decidir con cual quedarse. La alfombras genui-nas poseen un sello de calidad y en el Centro de Artesanías brindan instrucciones para su cuidado y transporte.

También a la misma distancia de El Kantaoui, sobre una meseta, se yergue la antigua ciudad romana El Jem, con su sorprendente bien preservado coliseo, casi tan grande como el de Roma. Construido en el año 230DC y con capacidad para 30 mil personas deja sin aliento y transporta a otra época.

Basta con sentarse en las gradas y cerrar los ojos para escuchar a la multitud vivando a los gladiadores que luchan por su vida en la arena, o abucheando a los pobres cristianos a punto de ser engullidos por hambrientos leones. Por suerte para muchos, los únicos vítores que se oyen ahora es cuando se celebra el Festival de Música Sinfónica, entre julio y agosto.

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